Estás Viviendo

Es preciso que notes que mientras trabajas también estás viviendo. En la oficina, la planta, la junta, el local, el contact center, frente al timón, todos los sistemas que mantienen tu vida funcionando están activos, no solo los biológicos, también los mentales, los afectivos, los emocionales, también los sistemas de defensa ante ese monstruo al que tanto pánico sentimos: el vacío, el sentimiento que a veces llega y grita que al fin de cuentas nada cuenta.

Pero tu hermano, tu hijo, la persona que amas, la que te preocupa, la que te perturba, están presentes mientras que funcionas para producir. Por eso es preciso tomar el trabajo tan en serio, no como ocupación, no como generación de ingresos, no como demostración de lo que se sabe, sino como realización de algo útil en el tiempo. El trabajo es la forma como convertimos el tiempo que tenemos en algo que otros podrán utilizar, disfrutar o aprovechar. El trabajo es un enorme portador de sentido para la vida, por eso odiarlo es una forma sutil de suicidio.

Pero también separarlo de las demás caras de la vida. Eso de separar las cosas de la casa y de la oficina suena lindo, pero no es real, no estamos hechos de fichas removibles. Pero si podemos buscar equilibrios, compensaciones, que lo de un lado sirva para cuando el otro quite, que la inspiración que surge en uno ayude a que funcione mejor el otro. Amor y trabajo, familia y trabajo, hobbie y trabajo, espiritualidad y trabajo, todo es una misma tarea, con una misma y única remuneración: sentirse contento con la vida, no tener que robarle la alegría a nadie a causa de una frustración mal ganada.

Vives mientras trabajas. ¿Vives mientras trabajas?

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