La Vida, para Dummies

La Sabiduría no parece haber sido nunca un patrimonio de los intelectuales, sino de los de los narradores. Le escuché decir a un importante funcionario de la educación en el país que las obras completas de Shakespeare podían darnos más razón sobre el comportamiento humano que las cámaras de Gesell, y en su discurso de aceptación del nóbel de literatura Saramago contaba que no había encontrado mayor sabiduría en su vida, que la de su abuelo, que no sabía leer ni escribir.

Me asombra cuando se hace evidente el desprecio de cierto tipo de intelectuales ante los trabajos de divulgación de sus colegas. Parece que está muy mal visto que a una persona inteligente se le entienda fácilmente lo que dice, y por eso personajes como Gombrich, Savater, Riso, con frecuencia se hacen objeto del menosprecio de su gremio, pues ni la historia, ni la psicología, ni mucho menos la filosofía pueden darse el lujo de ser escritas para que cualquier persona las pueda leer. Pasa que con los aprendizajes relacionados con lo más esencial de la existencia, es imperdonable y casi que mezquino dedicarse a formularlos en categorías incomprensibles para el ciudadano de a pie, y eso precisamente, es lo que para tragedia nuestra y catástrofe de nuestros estudiantes, se han dedicado a hacer los teóricos de la ética, de la convivencia y hasta de las religiones.

Sin embargo, la humanidad siempre ha sabido que las grandes lecciones sobre la vida vienen encapsuladas en sencillas afirmaciones o elementales relatos. Desde Caín y Abel hasta Rafael Pombo, pasando por los infinitos dichos de la sabiduría popular, sean estos dichos de tradición sufí, zen, israelita, nórdica, indígena, etc. Pero la excesiva preocupación de la academia y de la facultad por la argumentación, ha hecho que perdamos mucho de nuestra capacidad narrativa.

Decía Borges que en su vida había podido llegar a tener 4 o 5 ideas geniales, cosa que no deja de causar asombro siendo uno de los escritores y pensadores con mayores frutos literarios al menos en Suramérica. Pero puede que sea un patrón deseable. Pocas ideas pero contundentes. Pocas pero muy bien dichas. Pocas pero que puedan expresarse de tal manera que sean comprendidas por la mayor cantidad de personas posible. Hemos creído que el lenguaje especializado es una demostración de conocimiento, pero el lenguaje simple es el vehículo preferido de la sabiduría. Una idea que sólo puede ser entendida por algunos pocos que han leído los mismos eruditos textos de los que tal idea brotó, es mucho menos útil que una idea que puede ser entendida por cualquiera.

Esta no es una invitación a la vulgaridad, no es un desprecio por el conocimiento, es, por el contrario, un reconocimiento de que la cumbre del conocimiento se da en la capacidad de hacerlo accesible a todo tipo de personas, y que como ya lo sabemos, una cosa es enseñar física, otra reconciliación. Y que el discurso que puede ser muy útil para la demostración de que en Kant la metafísica no puede ser considerada una ciencia, es inútil para enfrentar el duelo, la pérdida, la frustración, y que conocer el significado de la palabra resiliencia no significa que puedas enfrentar la vida al día siguiente.

En la educación para la vida hay que decir pocas cosas, hay que decirlas en un lenguaje muy simple, y preferiblemente hay que decirlas contando.

Un cuento que recogía Anthony de Mello narraba el accidente de un hombre que volaba sobre alguna región boscosa y que al lograr saltar del avión salvó su vida gracias a un paracaídas que sin embargo, lo dejó colgando de las ramas de un árbol. Sin poder librarse el hombre esperó horas para intentar orientarse y saber qué hacer, cuando en aquel momento pasó cerca de allí un hombre sumido en sus pensamientos. ¿Podría decirme por favor en dónde estoy? Preguntó el hombre del paracaídas, a lo que el transeúnte respondió: “Usted está en un árbol”. Suspirando el hombre que colgaba del árbol le dijo: “usted debe ser un intelectual o un religioso”, el transeúnte orgulloso se detuvo y afirmó: “Sí, ¿cómo lo ha notado?”, “Porque lo que me ha dicho es cierto, pero no me sirve para nada” respondió el aviador.

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